Una: viendo y oyendo a los tres tenores, que cantaron canciones en muchos idiomas. Escuché a Plácido Domingo cantando "Caminito", como gran enamorado que es de Buenos Aires y su música. Y me hizo correr una lágrima cuando cantó el verso "desde que se fue, triste vivo yo", porque dijo "yo" con la ye bien canyengue como la decimos los porteños, mientras entrecerraba un ojo y levantaba la otra ceja, para hacerse el compadrito (Nota: Domingo es mejicano, la "ye" la pronuncia "i").
La otra: escuchando La Bloguera y oyendo por primera vez la voz y el cantito santiagueño del querido Polycarpo, el compañero del blog Un hombre no triste. Polycarpo se refirió a mí, Eva Row, pero pronunció Eva "Yow", con la ye bien canyengue, como la decimos los porteños, o lo que es lo mismo, con la erre santiagueña que para pronunciarla como ellos, los porteños deberíamos escribirla "eye".
Dos alegrías que te entibian el corazón.

































