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9 de julio de 2008

Maldición, odio y cultura



No sé cuántos minutos pasaron hasta que se terminó el horror, jamás he perdido tanto el dominio de mí misma. Fue el lunes a la noche, a las 19 precisamente. Por suerte el coche estaba estacionado en la puerta y el sanatorio cerca. Cada semáforo rojo era un obstáculo insoportable, mi hijo se retorcía de dolor en el asiento de atrás, con su cuerpo de hombre, sin encontrar una posición, en quejidos permanetes, como un reptil. En la mitad del camino gritó que paráramos porque tenía que vomitar. Y abrió la puerta, y sin salir del auto, tirado en el asiento, vomitó sacando la cabeza afuera, pero siguió igual de dolorido. No podíamos imaginar qué le estaba pasando.

Llegamos a la guardia y los médicos dijeron "cólico renal" sólo con verlo entrar. Lo pusieron en una silla de ruedas y muchos encima de él le aplicaban calmantes muy fuertes hasta que lo durmieron. Lo que siguió fue diferente, ya dormido en la cama, la médica que se ocupó llamó al cirujano quien dijo que la piedra estaba "migrando" y que debía orinar para expulsarla. Por suerte sucedió, y al despertar mi hijo estaba como si nada hubiera pasado. Cuando salió, la médica me preguntó ¿usted tuvo un parto natural?, "no, por cesárea", le contesté; "yo tuve partos naturales y también un cólico renal: prefiero mil partos por el ombligo antes que un cólico renal", dijo para darme a entender las cosas.

Sigo aún conmocionada además por la reacción que tuve ante el dolor de mi hijo. Por la impotencia que me dió el no poder hacer algo más por él cuando tomaron intervención los médicos, salí corriendo a hacer los trámites yo misma, mientras dejé a mi marido a su lado en la sala de guardia. Luego volví a verlo en la guardia en ese estado desesperante mientras los médicos le repetían que los calmantes pronto le iban a hacer efecto. La médica lo consolaba y acariciaba como yo misma lo hubiera hecho, mientras él aún se revolvía en la silla de ruedas.

En ese momento, la adrenalida acumulada me tiró el corazón para afuera. No pude refrenar el llanto que brotaba y brotaba sin contención de ninguna especie. El pecho parecía estallarme, mordía el pañuelo con los dientes, mientras miraba incrédula esa escena impiadosa.

Mi hijo está ahora bien, todo pasó. Pero yo siento que un palo enorme me partió la cabeza. Creí que no necesitaba saber hasta dónde se puede querer a un hijo. Creí que ya lo sabía.

En el viaje de regreso, descansando contra las cuerdas del ring de la vida, evoqué para mis adentros una conversación completa que una vez tuvimos con un amigo sobre el tema de las maldiciones. Dijimos que las maldiciones (como las bendiciones) son una apelación a la justicia del futuro para con las cosas malas (o buenas ) que hacen los hombres. Que se apela a que el devenir premie o castigue. Había contado yo a mi amigo entonces, lo que me relató el Cónsul de la URSS que visitaba mi óptica en época de la perestroika y del glasnost. Su padre había pasado la primera guerra, la caída del Zar, la fundación de la URSS, la segunda guerra, y todo lo que siguió, y le era insoportable el adaptarse también a la caída del comunismo. El Cónsul me contaba que en Rusia, una de las bendiciones comunes era: "te deseo una larga vida sin cambios", y ambos concluímos entre risas, que una buena maldición podría ser desearle a alguien "una larga vida llena de cambios". Mi amigo aportó a la conversación una maldición china que dice: "que tengas una vida tan larga, que cuando mueras, no te queden ni parientes ni conocidos que asistan a tu velorio". Juntos reímos del imaginario sutil del odio.

De acuerdo a lo que acababa de vivir, me ví en posesión de una nueva maldición para aportar al acopio que hicimos en esa divertida conversación con mi amgio: "que si tu hijo tiene un cólico renal, estés presente para verlo con tus ojos". Metida en mis pensamientos mientras volvíamos a casa, pensé que estaba haciendo un mero ejercicio intelectual perverso, sin medir la verdadera profundidad del odio que fundan las maldiciones. De pronto se me hizo presente la magnitud del odio posible, y tomé contacto con la desmesura real del odio, su afincamiento en mentes que forzosamente tienen que ser primitivas, en inteligencias que forzosamente tienen que ser minusválidas. Donde hay odio, no puede haber cultura. A pesar del mal día, la jornada terminó con una nueva convicción.

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Pino Solanas, su política buitre y la resolución de Ballesteros

EN QUÉ CONSISTE LA POLÍTICA "BUITRE" DE SOLANAS 9/01/2010
Buitre, porque para conseguir el poder se alía estratégicamente con la derecha como un comensal, y la alienta al proceso de destruir al Gobierno creyendo poder así alzarse con el poder al fin de la destrucción, porque confía en que su discurso más verborrágico e incendiario que el de la misma derecha, va a poder eclipsarlo y finalmente va a poder liderar el último tramo de la destrucción y alzarse con el poder.
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RESUELVO: 1) SOBRESEER DEFINITIVAMENTE en la presente causa N° 14467(expte 7723/98) en la que no existen procesados (art. 434 inc. 2° del Código de Procedimientos en Materia Penal) 2) REMITIR copia de la presente resolución (mediante disco) y poner las actuaciones a disposición de las HONORABLES CAMARAS DE SENADORES Y DIPUTADOS DEL CONGRESO DE LA NACION para su consulta o extracción de copias de las piezas procesales que se indiquen a los efectos que estimen conducentes. TEXTO DEL FALLO Leer comentarios

Cuentos de vida

12/02/2008 EL HOMBRE DEL PODRIDO TORNILLO(cuento)
Voy caminando sin mucho apuro para abrir mi óptica. Desde lejos veo que alguien que no conozco está frente a la puerta. El hombre consulta el reloj en su muñeca. Cruza los brazos sobre el pecho. Levanta la cabeza hacia el cielo. Baja luego la cabeza y mira sus zapatos. Descruza los brazos y mete las manos en los bolsillos. Termina la secuencia espasmódica descansando su esqueleto sobre un auto estacionado, mirando la puerta cerrada de la óptica. Vuelve a mirar el reloj. Sigue...
22/02/2010 - UN ÁNGEL EN COLECTIVO (relato)
Yo estaba tan embarazada, que había pasado la fecha de parto y mi familia me cargaba con la siguiente pregunta ¿y cuándo vas a parir? Y yo me reía, esperando que la naturaleza se ocupara en cualquier momento de que llegara mi bebé.
Lady D también estaba embarazada de su primer hijo. El papá de mi hijo decía que nuestro bebé tenía mejor ajuar que el hijo del Príncipe Carlos. Eran épocas de todo importado, y yo, eufórica por mi maternidad, había comprado el mejor cochecito de Harrod's y las ropas y utensilios para bebé, de lo más hermosos que encontré. Leer completo...
06/03/2008 - LOS GLADIOLEROS (cuento)
En el baño empezó a gotear la ducha. Hace de esto cinco años. Llamé a uno de esos brujos de la humanidad que atesoran saberes aquilatados y añejados en paneles de roble, uno de esos que miramos las mujeres agachando la cabeza, reconociendo nuestra inferioridad por efecto de la prueba contundente.
El plomero, que aparece con su bonete inmenso sobre el cual tiene una estrella, trae consigo herramientas que como la varita mágica, sólo obedecen a su secreto conjuro. La casa es un poco vieja, me dijo al irse, la próxima vez no le va a poder cambiar el cuerito a la canilla, va a tener que cambiar los caños. La sentencia estaba echada.
Cinco años después, es decir, ahora, se volvió a romper el cuerito y volvió a gotear la ducha. Leer más...
9/10/2008 - LOS JUDÍOS Y LOS REYES MAGOS (cuento)
Era la mañana del 6 de enero de 1954. Verano. En ese año yo iría al colegio por primera vez. Era la hija mayor de un matrimonio de judíos polacos inmigrantes. Teníamos un local de comercio seguido de vivienda, como había entonces. En el local, estaba mi papá. En la cocina de la vivienda, estaba mi mamá haciéndome el desayuno. Mis dos hermanitos, de 3 y 4 años, estaban aún en las cunas. Yo desayuné, y como hacía todos los días, salí a la calle a jugar con mis amiguitas. Serían las 10 de la mañana. Salgo a la calle y lo primero que veo es que todas mis amiguitas están juntas, y tienen algún juguete en la mano. Me extrañó muchísimo.
La Susi, mi mejor amiguita, tenía una enorme muñeca de trapo que yo no conocía, y la abrazaba y la ponía en el suelo a caminar, y la muñeca blanduzca se bamboleaba sacudiendo las trenzas rubias de hilos de lana de tejer.Leer Más...
16/09/2008 - MI LIBRO DE LECTURA DEL 55 (cuento)
El 16 de septiembre de 1955 yo tenía siete años, y estaba en "primero superior" (hoy segundo grado) de la escuela primaria.
La Revolución Libertadora trajo un cambio a la Escuela. Desaparecieron los carteles que cubrían las paredes en su parte superior tocando el techo de mi aula. De letras inmensas, decían "Segundo Plan Quinquenal-Perón cumple-Evita dignifica". La palabra "quinquenal" me encandilaba con sus sonidos juguetones, y no entendía bien qué quería decir "dignifica".
La presencia de Perón y Evita se trocó por paredes ascépticas, vacías, que me impresionaron cuando volví a la Escuela, después de unos días de asueto. El retrato de San Martín lucía ahora solitario y único símbolo del aula, como frío testimonio en blanco y negro de una historia lejana, sin la companía de aquellos carteles de colores alegres, de fondo amarillo y letras rojas, que representaban cosas del presente. Leer más...
13/11/2008 - GUEFILTE FISH (cuento)
Como yo soy la intelectual de la familia, mi cuñada Rivke me tiene envidia. ¿Qué creías? Te voy a contar lo que pasó. Era Rosh Hashaná y mamá invitó a hacer fiesta en su casa. Yo no le dije que no, ¿qué, acaso quiero cocinar para diez personas? Si a ella le gusta, que lo haga ella. El día que no esté mamá, va a ser otra cosa. Ahí voy a tener que cocinar yo, porque no voy a esperar que mi cuñada aprenda a cocinar, ni voy a comer esas porquerías que hace que no tienen gusto a nada.
Bueno, te estaba diciendo. Resulta que me puse a leer la historia del guefilte fish, en un libro antiguo de cultura idish. Vos sabés que a mí me gustan los libros, no voy a dejar de leer libros sólo para que mi cuñada no se sienta mal. Entonces leí que el guefilte fish estaba formado por tres distintas clases de pescado por una razón. Yo siempre me pregunté cuál serìa la razón de que fuera necesario hacerlo de distintos pescados. Leer más...
24/12/2008 - UN CUENTO DE NAVIDAD (cuento)
A pesar de ser judía, celebré Navidad mientras duró el matrimonio con el padre de mi hijo, que murió en el año 1994. Era gallego, socialista y agnóstico, pero le encantaba la Navidad, una costumbre que su madre engalanaba con una enorme Empanada a la Gallega que quedó en la memoria de sus cinco hijos. La Empanada a la Gallega de Doña Encarnación, a quien no tuve el gusto de conocer porque llegué tarde a la vida de esa familia, se repetía cada Navidad, con el consiguiente comentario obligado, “nada que ver con la que hacía la vieja”.

Mi nene era muy chiquito, recién ese año se había dado cuenta del personaje de Papá Noel. Su papá se disfrazaba y hacía las delicias de todos los chicos. Le habíamos dicho que iba a venir Papá Noel, con una bolsa de regalos. Leer más...
04/05/2008 - BUNGE ME SALVÓ LA VIDA (relato)
Bunge me salvó la vida con el mismo extraño mecanismo con el que mi hermanito descubrió la palmeta. Primero cuento la historia de mi hermanito. Después retomo con Bunge.
Capítulo 1. El extraño caso de mi hermanito y la palmeta
Un día apareció Raid.
Un aviso novedoso decía por televisión: ¡con la palmeta NO! ¡Llegó Raid! y aparecía en un dibujo animado, una palmeta estrellando insectos en la pared enchastrada de moscas aplastadas, y luego una señorita disparando el Raid por el ambiente. Mi hermanito y yo estábamos mirando televisión, y ambos nos asombramos. Leer más...