Los textos se abren completos sin cambiar de página, clickeando "Leer completo"

9 de enero de 2011

ME ROBARON

NO FUI A HACER LA DENUNCIA. NO DIGO QUE SOY GENTE DE TRABAJO Y QUE NO HAY SEGURIDAD. NO DIGO QUE ESTO NO DA MÁS. NO DIGO NADA DE ESAS COSAS. MAGNETO CONMIGO PERDIÓ. Y PERDIERON LOS TROLLS QUE SE ESTÁN BABEANDO PENSANDO QUE AHORA VOY A ECHARLE LA CULPA AL GOBIERNO PORQUE ME ROBARON. SUEÑEN TROLLS, ESTA MUJER NO SE DOBLEGA ANTE LA OPERACIÓN BASTARDA DE LA FALTA DE SEGURIDAD

Un tipo sobre una moto se detiene frente al negocio, en la vereda, y se queda sentado en la moto, algunos segundos después entra al negocio raudamente un hombre de unos treinta y cinco años. Está vestido con una remera azul, alto, tiene una silueta musculosa, de piel muy oscura y además encima bronceada por el sol, no tiene marcas en la piel de la cara, no tiene aspecto de villero, ni de vendedor callejero, parece alguien que hace gimnasia. Es argentino por el acento.

Empieza diciendo nervioso "véndame un anteojo para mí". Muy extraño pedido. Normalmente se dice un anteojo para qué, si para sol o recetado, generalmente me extienden una receta si el anteojo que buscan es graduado. Le digo "un anteojo para qué, ¿para sol?" "Sí, para sol" me contesta terminante. Parecía estar apuradísimo. Voy a la vidriera, saco uno y lo rechaza "ese no, ese" me señala rápido, otro de la vidriera, pero muy nervioso, me mira con ojos extraños, yo voy ya pensando en un robo. No tiene la actitud normal de alguien que viene a comprar. ¿Es trucho? me dice despectivo. ¿Por qué trucho? le digo. Es un buen anteojo, Esto es una óptica, no está comprando en la calle. Los ojos pasan de mirarme a mí a mirar a Florencia, que está limpiando la óptica. No me sostiene la mirada, los ojos le vuelan.

El hombre se prueba el anteojo muy rápidamente y yo le digo el precio, "vale ochenta pesos". "Lo compro, póngalo en un estuche" me dice, siempre nervioso. Yo me siento en el escritorio para buscar un estuche que está en un cajón de abajo. El hombre se sienta también frente al escritorio, en el asiento del cliente y cambia su actitud nerviosa aplomándose. Yo estoy metiendo el anteojo en el estuche y lo miro a los ojos, el me mira fijo y me dice en voz bastante baja, con tono intimidatorio, "si yo le digo que esto es un robo usted qué hace". "No le entendí" le contesto, sin conmoverme, como si no hubiera escuchado, con parsimonia. Me repite lo mismo "si yo le digo que esto es un robo usted qué hace". Se confirmó lo que suponía y me empiezo a asustar pero no lo demuestro. Le contesto al toque, en tono manso y tranquila, como quien está hablando de algo que no la intimida ni la desespera: "y ...me asusto", le contesto y sigo guardando el anteojo en el estuche, que no me entra. Vuelve a preguntarme "Le pregunto qué hace, si llama a la Policía" me increpa. "No, de ninguna manera" le digo, siempre tranquila, "no voy a hacer nada, nada de nada, quédese tranquilo" insisto. Entonces se dirige a Florencia y le dice en forma de orden militar, con la voz muy altanera "vos, quieta, ¡no te muevas!" y me mira a mí y me dice: cuidado, que tengo un compañero en la vereda. Ahí miro al de la moto y le veo la cara claramente. Muy blanca la piel y pelos largos como con bucles, mira distraído hacia todos lados, menos para adentro de la óptica.

Quiero aclarar que toda mi contención exterior no tenía correlato en mi interior. Me sentía como si tuviera a un doberman delante mío gruñendo y yo tratando de no dar motivo ni el más mínimo para alterarlo, pero en pánico absoluto.

Florencia vio que el hombre sentado tenía la mano metida en el bolsillo sosteniendo un bulto y ella está segura de que estaba sosteniendo un arma, yo eso no lo ví porque me tapa el escritorio. "Déme el anteojo" me dice, le alcanzo mansamente el anteojo, obedeciendo, sin inmutarme. "Ahora quiero la plata" me dice. Y vuelve a dirigirse a Florencia que la pobre ni se movía, y le grita "Vos, quieta". Vuelve a mí y me dice "para atrás, vayan para atrás", y se pone de pie mientras hace un ademán con las dos manos, como empujándonos en el aire a que nos vayamos para atrás. "Déme el celular" me dice. Agarro el celular con las dos manos y me paro, y le digo con una voz de hacerlo entrar en razones "el celular no vale la pena, el celular no". Quedo pensando en la orden de ir para atrás y que le dé el dinero, cosas que evitaré cumplir, las dos cosas me aterran. En lugar de obedecerlo me voy hacia él diciéndole "mire, le voy a dar esto que le va a servir y mucho porque es oro de verdad" mientras me saco los dos anillos de oro que llevo uno en cada mano. El me extiende sus dos manos y recibe los anillos mientras me mira el cuello donde tengo una cadena con un colgante de oro y me dice: "deme eso". Yo le acepto de buen grado, diciéndole que sí, que eso también es oro. Tengo miedo de no poder abrirme el cierre de la cadena y estoy temblando como una hoja, pero consigo sacarme sin demora la cadena y le muestro el colgante sosteniéndo la cadena para que vea, y vuelvo a decirle que es oro y que le va a servir. El me vuelve a extender las manos abiertas para recibir la cadena. Yo lo miro a los ojos sin mostrarle miedo, como quien quiere complacerlo y lo respeta. Se dirige hacia la salida y se da vuelta para mirarme sosteniendo la puerta. En ese momento parte la moto. Con la mano en la manija de la puerta antes de salir y cerrarla me dice "ustedes no entienden las cosas que nos pasan". Yo le contesto con altivez lo siguiente: "yo entiendo, entiendo perfectamente, soy peronista". Me mira con ojos relajados. En ese momento, le tiré un beso con las dos manos. Hernán, del local de al lado, me dijo después que el tipo que salió de mi negocio se subió a la moto que estuvo un tiempo parada en la vereda, y se fueron juntos.

Sí, le tiré un beso con las dos manos. ¿Por qué?

Porque tuve contacto tangencial pero exitosamente consensuado con ese otro mundo paralelo que convive con el nuestro, con esa cara atroz de la vida donde habitan seres que no han firmado el contrato social. Porque esa cara de la vida existe para hacerse presente en nuestro desconcierto, porque toma contacto con nosotros para dañarnos más que para robarnos, como una venganza contra quienes somos, cosa que ellos no pueden ser por alguna razón que se lo impide. De eso yo tengo consciencia, una consciencia que no me abandona ni en el peor momento, a la que me aferro porque es la única arma que me ayuda a controlar la situación.

De alguna manera el hombre superó el robo cuando me quiso explicar que algo le pasa para robar. De alguna manera desistió de querer llevarse la plata y mandarme para atrás. De alguna manera quiso aceptar mi propuesta de llevarse mis anillos de oro. Tal vez lo asombró mi entrega voluntaria y comprensiva. Estoy segura de que entre el ladrón y yo hubo un consenso. Hubo un acuerdo, un punto mínimo tangencial de acuerdo donde el ladrón se doblegó un poco viendo doblegarse a quien pensaba dañar por resentimiento social.

Le tiré un beso como expresión de mi dignidad y de la suya. Como expresión de gratitud por no haberme lastimado o vejado o humillado. Fuimos dos seres que compartieron una experiencia límite, riesgosa, donde ambos nos estábamos jugando la vida. El ladrón la suya cada vez que roba, y la víctima de robo cuando cae en manos del resentimiento del ladrón.

Esta no es la primera vez que me pasa. La primera vez también zafé, y con un revolver en dirección a mi frente. Era un chico acompañado por una banda que tapó la entrada del negocio. Era de noche ya. El chico avanzó hacia mí, entre una madre y una hija que estaban sentadas en el escritorio. Lo miré, le sonreí, y le guiñé un ojo preguntándole ¿es de juguete, no? El chico bajó el arma y me preguntó ¿Cómo te diste cuenta? Le contesté sonriendo que yo también tenía un hijo y entendía que los chicos podían hacer chistes como este. El pibe miró a la banda y les dijo: Vamos. Y se fue. Andrea Zeitune se llama la señora que es testigo junto a la hija, de lo que pasó. Si fuera necesario ella da su testimonio. Y Florencia, la muchacha que limpia mi casa y el negocio, es testigo de lo que pasó el viernes. Mi esposo no me dejaría mentir. También zafé de dos tipos que subieron al balcón de mi departamento porque llamé a la Policía a tiempo sin que ellos se dieran cuenta.

El haberme sentido en una cornisa al borde de un precipicio me levantó una taquicardia atroz. Cuando vino mi marido todavía temblaba y temblé por largo tiempo. Ayer sábado estuve como narcotizada, dormí muchas horas, toda la tarde hasta la noche. Quedé extenuada del esfuerzo por controlarme.

¿De qué se trata mi actitud? La de no entrar en pánico en consonancia con el trabajo de mortificación y manipulación social que hicieron los medios contra el gobierno para asegurar los planes de dominación de Magneto. Y no es que sea indiferente a los cuentos atroces que han hechos las víctimas ante la cámara morbosa de TN. Todo lo contrario. Me influyen los cuentos de tiros dados hasta a quienes entregaron todo sin resistirse.

Se trata de que no acepto ser la oveja de una manada preparada para sostener a la Rural en el gobierno. Se trata de que he leído muchas novelas clásicas donde grandes intelectuales de la literatura se preguntan por la escencia humana y encuentran las claves en la marginalidad del delito. Desde Dostoievsky ahondando en el crimen y el castigo de una consciencia, pasando por el Hamlet de Shakespeare ante la atrocidad del asesinato de su padre en complicidad de la madre preguntándose ante una calavera si la vida vale la pena. No, los libros no me pasaron por las manos sin dejar sus huellas como abiertas heridas sangrantes. La vida vale la pena, por eso las heridas me sangran.


Leer completo...

Pino Solanas, su política buitre y la resolución de Ballesteros

EN QUÉ CONSISTE LA POLÍTICA "BUITRE" DE SOLANAS 9/01/2010
Buitre, porque para conseguir el poder se alía estratégicamente con la derecha como un comensal, y la alienta al proceso de destruir al Gobierno creyendo poder así alzarse con el poder al fin de la destrucción, porque confía en que su discurso más verborrágico e incendiario que el de la misma derecha, va a poder eclipsarlo y finalmente va a poder liderar el último tramo de la destrucción y alzarse con el poder.
Leer el post..
RESUELVO: 1) SOBRESEER DEFINITIVAMENTE en la presente causa N° 14467(expte 7723/98) en la que no existen procesados (art. 434 inc. 2° del Código de Procedimientos en Materia Penal) 2) REMITIR copia de la presente resolución (mediante disco) y poner las actuaciones a disposición de las HONORABLES CAMARAS DE SENADORES Y DIPUTADOS DEL CONGRESO DE LA NACION para su consulta o extracción de copias de las piezas procesales que se indiquen a los efectos que estimen conducentes. TEXTO DEL FALLO Leer comentarios

Cuentos de vida

12/02/2008 EL HOMBRE DEL PODRIDO TORNILLO(cuento)
Voy caminando sin mucho apuro para abrir mi óptica. Desde lejos veo que alguien que no conozco está frente a la puerta. El hombre consulta el reloj en su muñeca. Cruza los brazos sobre el pecho. Levanta la cabeza hacia el cielo. Baja luego la cabeza y mira sus zapatos. Descruza los brazos y mete las manos en los bolsillos. Termina la secuencia espasmódica descansando su esqueleto sobre un auto estacionado, mirando la puerta cerrada de la óptica. Vuelve a mirar el reloj. Sigue...
22/02/2010 - UN ÁNGEL EN COLECTIVO (relato)
Yo estaba tan embarazada, que había pasado la fecha de parto y mi familia me cargaba con la siguiente pregunta ¿y cuándo vas a parir? Y yo me reía, esperando que la naturaleza se ocupara en cualquier momento de que llegara mi bebé.
Lady D también estaba embarazada de su primer hijo. El papá de mi hijo decía que nuestro bebé tenía mejor ajuar que el hijo del Príncipe Carlos. Eran épocas de todo importado, y yo, eufórica por mi maternidad, había comprado el mejor cochecito de Harrod's y las ropas y utensilios para bebé, de lo más hermosos que encontré. Leer completo...
06/03/2008 - LOS GLADIOLEROS (cuento)
En el baño empezó a gotear la ducha. Hace de esto cinco años. Llamé a uno de esos brujos de la humanidad que atesoran saberes aquilatados y añejados en paneles de roble, uno de esos que miramos las mujeres agachando la cabeza, reconociendo nuestra inferioridad por efecto de la prueba contundente.
El plomero, que aparece con su bonete inmenso sobre el cual tiene una estrella, trae consigo herramientas que como la varita mágica, sólo obedecen a su secreto conjuro. La casa es un poco vieja, me dijo al irse, la próxima vez no le va a poder cambiar el cuerito a la canilla, va a tener que cambiar los caños. La sentencia estaba echada.
Cinco años después, es decir, ahora, se volvió a romper el cuerito y volvió a gotear la ducha. Leer más...
9/10/2008 - LOS JUDÍOS Y LOS REYES MAGOS (cuento)
Era la mañana del 6 de enero de 1954. Verano. En ese año yo iría al colegio por primera vez. Era la hija mayor de un matrimonio de judíos polacos inmigrantes. Teníamos un local de comercio seguido de vivienda, como había entonces. En el local, estaba mi papá. En la cocina de la vivienda, estaba mi mamá haciéndome el desayuno. Mis dos hermanitos, de 3 y 4 años, estaban aún en las cunas. Yo desayuné, y como hacía todos los días, salí a la calle a jugar con mis amiguitas. Serían las 10 de la mañana. Salgo a la calle y lo primero que veo es que todas mis amiguitas están juntas, y tienen algún juguete en la mano. Me extrañó muchísimo.
La Susi, mi mejor amiguita, tenía una enorme muñeca de trapo que yo no conocía, y la abrazaba y la ponía en el suelo a caminar, y la muñeca blanduzca se bamboleaba sacudiendo las trenzas rubias de hilos de lana de tejer.Leer Más...
16/09/2008 - MI LIBRO DE LECTURA DEL 55 (cuento)
El 16 de septiembre de 1955 yo tenía siete años, y estaba en "primero superior" (hoy segundo grado) de la escuela primaria.
La Revolución Libertadora trajo un cambio a la Escuela. Desaparecieron los carteles que cubrían las paredes en su parte superior tocando el techo de mi aula. De letras inmensas, decían "Segundo Plan Quinquenal-Perón cumple-Evita dignifica". La palabra "quinquenal" me encandilaba con sus sonidos juguetones, y no entendía bien qué quería decir "dignifica".
La presencia de Perón y Evita se trocó por paredes ascépticas, vacías, que me impresionaron cuando volví a la Escuela, después de unos días de asueto. El retrato de San Martín lucía ahora solitario y único símbolo del aula, como frío testimonio en blanco y negro de una historia lejana, sin la companía de aquellos carteles de colores alegres, de fondo amarillo y letras rojas, que representaban cosas del presente. Leer más...
13/11/2008 - GUEFILTE FISH (cuento)
Como yo soy la intelectual de la familia, mi cuñada Rivke me tiene envidia. ¿Qué creías? Te voy a contar lo que pasó. Era Rosh Hashaná y mamá invitó a hacer fiesta en su casa. Yo no le dije que no, ¿qué, acaso quiero cocinar para diez personas? Si a ella le gusta, que lo haga ella. El día que no esté mamá, va a ser otra cosa. Ahí voy a tener que cocinar yo, porque no voy a esperar que mi cuñada aprenda a cocinar, ni voy a comer esas porquerías que hace que no tienen gusto a nada.
Bueno, te estaba diciendo. Resulta que me puse a leer la historia del guefilte fish, en un libro antiguo de cultura idish. Vos sabés que a mí me gustan los libros, no voy a dejar de leer libros sólo para que mi cuñada no se sienta mal. Entonces leí que el guefilte fish estaba formado por tres distintas clases de pescado por una razón. Yo siempre me pregunté cuál serìa la razón de que fuera necesario hacerlo de distintos pescados. Leer más...
24/12/2008 - UN CUENTO DE NAVIDAD (cuento)
A pesar de ser judía, celebré Navidad mientras duró el matrimonio con el padre de mi hijo, que murió en el año 1994. Era gallego, socialista y agnóstico, pero le encantaba la Navidad, una costumbre que su madre engalanaba con una enorme Empanada a la Gallega que quedó en la memoria de sus cinco hijos. La Empanada a la Gallega de Doña Encarnación, a quien no tuve el gusto de conocer porque llegué tarde a la vida de esa familia, se repetía cada Navidad, con el consiguiente comentario obligado, “nada que ver con la que hacía la vieja”.

Mi nene era muy chiquito, recién ese año se había dado cuenta del personaje de Papá Noel. Su papá se disfrazaba y hacía las delicias de todos los chicos. Le habíamos dicho que iba a venir Papá Noel, con una bolsa de regalos. Leer más...
04/05/2008 - BUNGE ME SALVÓ LA VIDA (relato)
Bunge me salvó la vida con el mismo extraño mecanismo con el que mi hermanito descubrió la palmeta. Primero cuento la historia de mi hermanito. Después retomo con Bunge.
Capítulo 1. El extraño caso de mi hermanito y la palmeta
Un día apareció Raid.
Un aviso novedoso decía por televisión: ¡con la palmeta NO! ¡Llegó Raid! y aparecía en un dibujo animado, una palmeta estrellando insectos en la pared enchastrada de moscas aplastadas, y luego una señorita disparando el Raid por el ambiente. Mi hermanito y yo estábamos mirando televisión, y ambos nos asombramos. Leer más...